Hoy es relativamente fácil analizar una empresa. Existen tableros, razones financieras, modelos, inteligencia artificial y herramientas que permiten obtener indicadores en cuestión de minutos.
Pero existe un problema previo que muchas veces se pasa por alto:
la calidad del análisis depende de la calidad de la información que se está analizando.
Una empresa puede tener estados financieros mensuales, reportes administrativos y años de información histórica y, aun así, no contar con una base suficientemente confiable para entender qué está ocurriendo realmente en el negocio.
Cuando la contabilidad se construye principalmente con lógica fiscal
En muchas empresas mexicanas la prioridad contable ha sido históricamente el cumplimiento fiscal: facturación, deducciones, IVA, ISR, depreciaciones fiscales y declaraciones.
Todo eso es indispensable.
El problema aparece cuando esa misma información, sin una adecuación financiera, se utiliza para responder preguntas como:
¿Cuánto está ganando realmente la empresa? ¿Cuál es su margen real? ¿Qué tan rentable es? ¿Cuánto capital utiliza? ¿Cuánto vale el negocio?
La información fiscal y la información financiera no persiguen exactamente el mismo objetivo. Las Normas de Información Financiera buscan que los estados financieros representen de forma útil y consistente la realidad económica de las operaciones.
Un error contable rara vez afecta una sola cuenta
Si el ingreso se reconoce en un momento incorrecto, no solo cambia la venta. También pueden alterarse las cuentas por cobrar, la utilidad, los márgenes y el capital de trabajo.
Si los inventarios están mal valuados, cambia el costo de ventas y el margen bruto.
Si determinados desembolsos se llevan a gasto cuando deberían formar parte de un activo —o al revés— cambian activos, depreciaciones y resultados.
Y si provisiones, deterioros u obligaciones no se reconocen oportunamente, el balance puede presentar una situación distinta de la realidad.
Por eso una política contable aparentemente pequeña puede modificar la percepción del negocio completo.
Algunas NIF que pueden cambiar significativamente la lectura de una empresa
No todas las normas tienen la misma relevancia para todas las compañías. Sin embargo, existen áreas que suelen tener un impacto considerable en el análisis posterior.
La NIF D-1, Ingresos por contratos con clientes, puede cambiar el momento en que se reconocen los ingresos.
La NIF C-3, Cuentas por cobrar, afecta la valuación y recuperabilidad de la cartera.
La NIF C-4, Inventarios, impacta inventarios, costo de ventas y margen bruto.
La NIF C-6, Propiedades, planta y equipo, modifica la forma en que se reconocen, capitalizan y deprecian los activos fijos.
La NIF C-9, Provisiones, contingencias y compromisos, puede llevar al reconocimiento de obligaciones que antes no aparecían en el balance.
La NIF C-15, Deterioro en el valor de los activos de larga duración, obliga a cuestionar si determinados activos continúan generando el valor que muestran en libros.
No se trata de aplicar normas por aplicar normas. Se trata de entender que cada ajuste puede modificar los indicadores con los que se evalúa una empresa.
El EBITDA puede estar bien calculado… y aun así llevar a una conclusión equivocada
Supongamos que alguien calcula correctamente el EBITDA de una compañía.
La fórmula puede estar perfecta.
Pero si los ingresos están reconocidos en un periodo incorrecto, el costo de ventas está distorsionado o existen gastos capitalizados indebidamente, el resultado puede no representar la realidad económica del negocio.
Matemáticamente, el indicador está bien. Financieramente, la conclusión puede estar equivocada.
Lo mismo puede ocurrir con márgenes, ROA, ROE, capital de trabajo, apalancamiento, rotaciones o incluso con una valuación.
Adoptar NIF puede cambiar la percepción del negocio
Cuando una empresa realiza una adecuación seria a NIF, puede descubrir que el negocio se ve diferente.
No porque la operación haya cambiado, sino porque cambió la forma de reconocer y presentar su realidad económica.
Puede cambiar la utilidad, el margen bruto, las cuentas por cobrar, el valor de los inventarios, los activos, los pasivos y el capital de trabajo.
Y eso puede modificar también la percepción de socios, bancos, inversionistas o posibles compradores.
Adoptar NIF no es solamente un proyecto contable. Puede cambiar la forma en que se entiende el negocio.
¿Cuánto cuesta adoptar y mantener NIF?
Adoptar NIF implica una inversión.
Puede requerir diagnóstico, depuración de saldos, políticas contables, ajustes, conciliaciones, valuaciones, documentación, capacitación y cambios en determinados procesos.
Y no termina con el primer ajuste.
La información debe mantenerse bajo criterios consistentes mes con mes. Por eso quizá sea más correcto hablar de construir y mantener un sistema de información financiera confiable, no simplemente de “convertir” unos estados financieros.
El costo dependerá de la complejidad de la empresa y, sobre todo, de la calidad de la información existente.
Pero existe otra pregunta igual de importante:
¿Cuánto cuesta tomar decisiones relevantes con información que no representa correctamente al negocio?
Antes del análisis viene la información
En JGRP consideramos que el análisis financiero debería comenzar antes de calcular el primer indicador.
Primero habría que preguntarse:
¿Cómo se construyeron estos números? ¿Qué criterios contables se utilizaron? ¿La información representa la sustancia económica de las operaciones? ¿Es suficientemente confiable para tomar decisiones?
Solo después tiene sentido profundizar en rentabilidad, liquidez, apalancamiento, flujo o valuación.
Perspectiva JGRP
Un buen análisis financiero no corrige información financiera mal construida.
Adoptar y mantener NIF tiene un costo, pero también tiene un propósito: contar con información que permita entender realmente qué está ocurriendo en el negocio.
Antes de preguntarnos qué dicen los indicadores, quizá deberíamos hacernos una pregunta más importante:
¿Podemos confiar en los números con los que los estamos calculando?
Este contenido tiene fines informativos y de análisis empresarial. La aplicación de las NIF depende de las características, operaciones y circunstancias particulares de cada entidad.
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