Una empresa puede presentar correctamente sus declaraciones y, aun así, generar señales que llamen la atención de la autoridad.

Pérdidas fiscales recurrentes.

Una tasa efectiva de ISR inferior a la de empresas comparables.

Compras que no parecen guardar relación con las ventas.

Depósitos bancarios difíciles de identificar.

Proveedores cuestionados.

Retenciones que no fueron enteradas oportunamente.

O devoluciones de impuestos que no pueden sostenerse con suficiente documentación.

Para 2026, el SAT ha sido particularmente claro: sus auditorías buscan concentrarse en contribuyentes que presentan determinados indicadores de riesgo.

Por eso la pregunta ya no debería ser solamente:

¿estamos cumpliendo?

También debería ser:

si el SAT analizara hoy nuestra información con sus propios criterios de riesgo, ¿qué encontraría?

El SAT está haciendo pública su lógica de fiscalización

El Plan Maestro 2026 confirma una estrategia de fiscalización focalizada.

Esto no significa que cada contribuyente que presente alguna de estas características necesariamente será auditado.

Significa algo distinto:

la autoridad utiliza ciertos indicadores para identificar dónde concentrar sus recursos de revisión.

Para la empresa, conocerlos permite hacer algo valioso:

revisar internamente esos mismos puntos antes de que lo haga la autoridad.

Las señales que hoy están bajo observación

Entre las conductas que el SAT ha identificado para priorizar auditorías se encuentran:

  1. Operaciones con empresas facturadoras o nomineras.
  2. Pérdidas fiscales recurrentes.
  3. Simulación o abuso de deducciones.
  4. Ingresos no declarados.
  5. Abuso de estímulos fiscales.
  6. Inconsistencias entre lo que la empresa importa o compra y lo que vende.
  7. Importaciones con precios por debajo del mercado e incumplimientos relacionados con comercio exterior.
  8. Retenciones efectuadas a empleados que no son enteradas.
  9. Operaciones con jurisdicciones de baja imposición.
  10. Solicitudes de devoluciones improcedentes.
  11. Una tasa efectiva de impuesto inferior a la observada en empresas del mismo sector.

La lista es importante.

Pero más importante es entender qué busca la autoridad detrás de ella:

inconsistencias entre lo que una empresa declara y lo que sus datos muestran.

Una señal de riesgo no significa necesariamente incumplimiento

Una empresa puede presentar pérdidas durante varios ejercicios y tener una explicación económica válida.

Puede tener una tasa efectiva inferior a la de su industria por inversiones, pérdidas fiscales o estímulos correctamente aplicados.

Puede adquirir inventario en un ejercicio y venderlo posteriormente.

O puede haber trabajado con un proveedor que tiempo después fue cuestionado por la autoridad.

El problema no es necesariamente presentar una característica de riesgo.

El problema comienza cuando la empresa no puede explicar documental, contable y económicamente por qué existe.

Ahí aparece una diferencia fundamental entre:

cumplir

y

estar preparado para demostrar por qué tus números hacen sentido.

El SAT también ha señalado qué partidas quiere revisar

Para 2026, la autoridad también ha mencionado partidas sobre las que busca aplicar criterios de fiscalización más uniformes.

Entre ellas:

Esto permite conocer no solamente algunos criterios de selección.

También permite anticipar qué aspectos de la operación probablemente requerirán una mejor explicación si llega una revisión.

1. Materialidad: la factura no debería ser todo tu expediente

Tener CFDI, contrato, transferencia bancaria y registro contable puede ser necesario.

Pero dependiendo de la operación puede no ser suficiente para responder la pregunta más importante:

¿puedes demostrar que el servicio, adquisición u operación realmente ocurrió en los términos documentados?

En servicios administrativos, consultoría, mercadotecnia, mantenimiento, construcción o servicios especializados, una empresa debería poder identificar:

Correos, reportes, fotografías, bitácoras, entregables o evidencia técnica dependerán de cada operación.

La mejor práctica es sencilla:

el expediente de materialidad debe construirse cuando ocurre la operación, no cuando llega el requerimiento.

2. Depósitos bancarios: todo movimiento relevante debería tener una explicación

No todos los depósitos que recibe una empresa representan una venta.

Puede tratarse de:

El problema aparece cuando, años después, la autoridad pregunta:

¿qué representa este depósito?

y la empresa tiene que comenzar a reconstruir la historia.

Una empresa ordenada debería identificar y documentar sus movimientos relevantes desde el mes en que ocurren.

3. Tus proveedores también forman parte de tu riesgo fiscal

El análisis preventivo no debería limitarse a revisar la propia contabilidad.

También conviene conocer a los proveedores relevantes.

Entre otros aspectos:

La pregunta ya no es solamente:

¿tengo factura de este proveedor?

También es:

¿puedo explicar por qué contratamos a esta empresa y cómo sabemos que tenía capacidad para realizar la operación?

4. Pérdidas fiscales recurrentes: tener pérdidas no es el problema

Una empresa puede tener pérdidas legítimas.

Nada de eso significa necesariamente incumplimiento.

Pero si una compañía reporta pérdidas durante varios ejercicios mientras continúa creciendo, adquiriendo activos o manteniendo operaciones relevantes, es razonable que la autoridad quiera entender qué está sucediendo.

La empresa debería poder reconciliar:

La pérdida puede ser legítima.

La explicación no debería improvisarse durante una auditoría.

5. La tasa efectiva también es una señal de riesgo

El SAT ha identificado como indicador de riesgo que un contribuyente pague una tasa efectiva inferior a la observada en empresas de su sector.

Esto no significa que todas deban pagar exactamente la misma tasa.

Una diferencia puede explicarse por:

La empresa no necesita tener la misma tasa que las demás.

Necesita saber por qué tiene la tasa que tiene.

6. Compras, importaciones y ventas deberían contar una historia consistente

Otro indicador señalado por el SAT son las inconsistencias entre lo que una empresa compra o importa y lo que vende.

Estas diferencias pueden observarse a partir de:

Una diferencia puede tener una explicación válida.

Pero nuevamente aparece la misma regla:

la explicación debe existir antes del requerimiento.

Entonces, ¿qué debería estar haciendo hoy una empresa?

La respuesta no es esperar una auditoría.

Tampoco revisar toda la contabilidad de manera indiscriminada.

Una estrategia preventiva razonable puede comenzar con un diagnóstico de riesgo fiscal que responda cinco preguntas:

  1. ¿Presentamos alguno de los indicadores que el SAT ha señalado para seleccionar auditorías?
  2. ¿Nuestros CFDI, contabilidad, bancos y declaraciones cuentan la misma historia?
  3. ¿Las operaciones relevantes tienen documentación suficiente para demostrar su materialidad y razón económica?
  4. ¿Conocemos y monitoreamos el riesgo fiscal de nuestros principales proveedores?
  5. ¿Podemos explicar nuestras pérdidas, tasa efectiva, saldos a favor y principales diferencias fiscales antes de que alguien nos las pregunte?

Las respuestas permiten priorizar.

No todos los riesgos tienen la misma materialidad.

Ni todas las empresas necesitan el mismo nivel de revisión.

La fiscalización preventiva debería formar parte del cierre fiscal

Este análisis no debería realizarse únicamente cuando llega una carta invitación, requerimiento o auditoría.

Una empresa puede incorporar periódicamente un tablero sencillo:

Algunas partidas requerirán corregirse.

Otras únicamente documentarse mejor.

Y otras tendrán una explicación válida que simplemente conviene dejar preparada.

Eso cambia por completo la posición de la empresa frente a una revisión.

Perspectiva JGRP

El valor de conocer los criterios de fiscalización del SAT no está en tratar de adivinar si una empresa será auditada.

Está en poder analizar la compañía desde la misma perspectiva desde la que puede observarla la autoridad.

Cada una puede tener una explicación legítima.

Pero esa explicación debería estar identificada, cuantificada y documentada antes de que sea requerida.

La pregunta correcta no es:

“¿qué tan probable es que el SAT nos audite?”

La pregunta es:

“si el SAT analizara hoy nuestra información utilizando los criterios que ya hizo públicos, ¿qué encontraría y qué tan preparados estaríamos para explicarlo?”

Responderla antes de una revisión no elimina el riesgo fiscal.

Pero permite administrarlo.

Y en materia de fiscalización, llegar preparado cambia completamente la conversación.

Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y no constituye una opinión fiscal aplicable a un caso particular. Los criterios de programación de auditorías no implican que la presencia de alguna de las características señaladas genere automáticamente una revisión o determine la existencia de un incumplimiento. Cada situación debe evaluarse atendiendo a sus hechos, operaciones, cifras y documentación.