Cuando una empresa decide hacer una inversión relevante, una de las primeras preguntas suele ser:

¿la pagamos de contado o la financiamos?

Pero esa no debería ser la única pregunta.

También conviene analizar:

¿cómo protegemos la liquidez de la empresa?

y, al mismo tiempo,

¿qué efecto fiscal puede generar esa inversión desde este mismo ejercicio?

Porque invertir no necesariamente significa descapitalizarse.

Y tampoco significa que el beneficio fiscal tenga que recuperarse lentamente durante varios años.

Una facilidad vigente que puede cambiar el momento de invertir

Actualmente existe un estímulo fiscal derivado del Decreto Plan México que permite, bajo determinados requisitos, aplicar una deducción inmediata sobre inversiones nuevas en ciertos bienes de activo fijo.

En lugar de recuperar fiscalmente la inversión únicamente a través de los porcentajes ordinarios de depreciación durante varios ejercicios, el contribuyente puede adelantar una parte importante de esa deducción al ejercicio en que realiza la inversión.

Para determinadas inversiones efectuadas en 2025 y 2026, los porcentajes pueden llegar hasta 91%, dependiendo del tipo de activo y de la actividad económica correspondiente.

Para inversiones efectuadas entre 2027 y septiembre de 2030 existen porcentajes distintos.

La diferencia no es menor.

Adelantar la deducción puede reducir la carga fiscal del ejercicio y mejorar el flujo de efectivo asociado a una decisión de inversión.

No se trata de comprar cualquier activo

El estímulo no aplica de manera general a todos los bienes adquiridos por una empresa.

Debe tratarse de bienes nuevos de activo fijo, utilizados por primera vez en México y destinados directamente a la actividad del contribuyente.

Dentro de los bienes que pueden resultar elegibles se encuentran, dependiendo de la actividad y de las características particulares de la inversión:

También existen exclusiones expresas.

Por ejemplo, el decreto no contempla de manera general mobiliario y equipo de oficina, determinados automóviles con motor de combustión interna, blindaje de vehículos y otros activos específicamente excluidos.

Por eso, antes de considerar el beneficio, la primera pregunta debe ser:

¿este activo realmente califica?

No es una deducción automática

Otro punto importante es que no basta con comprar el activo y decidir tomar la deducción en la declaración anual.

El estímulo está sujeto a requisitos específicos.

Entre otros aspectos, el contribuyente debe cumplir con el procedimiento establecido en el decreto y sus lineamientos, presentar la información correspondiente al proyecto de inversión y obtener la constancia emitida por el Comité de Evaluación.

Además, existen condiciones que deben mantenerse posteriormente.

Por ejemplo, los bienes respecto de los cuales se aplique el estímulo deben permanecer en uso durante el periodo mínimo previsto por las disposiciones aplicables, salvo determinados supuestos de excepción.

Esto cambia la lógica de la decisión.

El análisis debe hacerse antes de invertir, no después.

Financiar la inversión no necesariamente elimina el beneficio

Aquí aparece una de las combinaciones más interesantes.

Una empresa puede decidir adquirir maquinaria, equipo o infraestructura sin utilizar toda su liquidez disponible.

El hecho de financiar una inversión mediante crédito no necesariamente impide que ésta conserve su tratamiento fiscal como inversión.

Incluso determinadas estructuras de arrendamiento financiero pueden permitir que el contribuyente reconozca fiscalmente la inversión, siempre que se cumplan los requisitos establecidos por la Ley del Impuesto sobre la Renta y por el propio decreto.

Esto abre una posibilidad importante:

conservar liquidez mediante financiamiento y, al mismo tiempo, adelantar una parte relevante de la deducción fiscal.

Pero ambas decisiones deben analizarse juntas.

No cualquier financiamiento es conveniente.

Y no cualquier inversión califica para el estímulo.

El objetivo no es endeudarse por endeudarse

Financiar una inversión tampoco debe convertirse en una regla automática.

Hay casos en los que pagar de contado puede ser la mejor decisión.

Por ejemplo, cuando existe un descuento relevante, el costo financiero es elevado o la empresa mantiene liquidez excedente que no tiene un uso más rentable.

La decisión correcta requiere comparar:

y el beneficio fiscal que puede generar la inversión.

La pregunta no es simplemente:

¿podemos pagarla de contado?

La pregunta debería ser:

¿cuál es la estructura que genera el mejor resultado financiero y fiscal para la empresa?

Un ejemplo sencillo

Supongamos que una empresa decide invertir $10,000,000 en maquinaria nueva.

Para fines únicamente ilustrativos, imaginemos que la inversión califica para una deducción inmediata del 80%.

Esto permitiría llevar $8,000,000 a deducción en el ejercicio correspondiente, en lugar de recuperar fiscalmente esa cantidad de manera gradual durante varios años.

A una tasa corporativa de ISR de 30%, el efecto fiscal inmediato podría representar hasta $2,400,000 de menor ISR en el ejercicio, sujeto a la situación fiscal particular del contribuyente.

Mientras tanto, si la inversión se estructura con financiamiento adecuado, la empresa podría conservar una parte importante de sus recursos disponibles para:

El beneficio no consiste únicamente en “pagar menos impuestos”.

Consiste en mejorar el momento en que se utiliza el efectivo.

Y en una empresa, el momento del flujo puede ser tan importante como el monto.

La conversación correcta antes de invertir

Antes de realizar una inversión relevante conviene responder, al menos, estas preguntas:

¿El activo califica para el estímulo?

¿Qué porcentaje de deducción inmediata podría aplicar?

¿La empresa cumple con los requisitos del decreto?

¿Cuál sería el efecto real sobre el ISR y el flujo de efectivo?

¿Conviene pagar de contado, utilizar crédito o analizar una estructura de arrendamiento financiero?

¿Qué capacidad de endeudamiento tiene actualmente la empresa?

¿Qué uso alternativo podría darse a la liquidez que se conserva?

Analizar únicamente el precio del activo deja fuera una parte importante de la decisión.

Perspectiva JGRP

Una inversión no debe analizarse únicamente desde la perspectiva fiscal.

Tampoco únicamente desde la financiera.

Una buena decisión de inversión combina:

rentabilidad del proyecto;

estructura de financiamiento;

liquidez;

capacidad de pago;

y efecto fiscal.

El estímulo de deducción inmediata vigente puede ser una herramienta valiosa para determinadas empresas, pero su verdadero beneficio aparece cuando forma parte de una decisión financiera bien estructurada.

La oportunidad está en analizarlo antes de comprometer los recursos.

Porque una empresa puede invertir para crecer sin necesariamente sacrificar toda su liquidez.

Y puede hacerlo entendiendo desde el principio cuál será el efecto fiscal de esa decisión.

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Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y no constituye una opinión fiscal o financiera aplicable a un caso particular. La aplicación del estímulo depende, entre otros elementos, del tipo de contribuyente, actividad económica, características del activo, fecha de inversión, cumplimiento de los requisitos establecidos en el decreto y autorización correspondiente.