La oferta puede ser difícil de ignorar: un crédito en dólares con una tasa varios puntos por debajo de la alternativa en pesos.
El problema es que una tasa menor no necesariamente significa un financiamiento más barato. Para una empresa que genera sus flujos principalmente en pesos, el costo final también depende del tipo de cambio. Una depreciación suficientemente fuerte puede eliminar en poco tiempo el ahorro que parecía existir en la tasa.
La decisión correcta no es comparar tasa contra tasa. Es comparar cuánto terminará costando cada alternativa en pesos.
Primero: medir dónde está realmente el riesgo
Supongamos que una empresa contrata un crédito de USD 1,000,000 cuando el tipo de cambio está en $18.50. En ese momento, la deuda equivale a $18.5 millones.
Si un año después el tipo de cambio sube a $21.00, la empresa sigue debiendo exactamente USD 1,000,000, pero ahora necesita $21 millones para liquidarlo. Sin haber pedido un dólar adicional, el costo en pesos aumentó $2.5 millones.
Por eso, comparar una tasa en dólares contra una tasa en pesos sin incorporar el riesgo cambiario deja incompleto el análisis.
Antes del derivado, revisar la cobertura natural
No toda deuda en dólares representa la misma exposición.
Una empresa exportadora, una compañía que cobra en dólares o un negocio cuyos precios están vinculados al tipo de cambio puede tener una protección natural. Cuando el dólar sube, el valor en pesos de la deuda aumenta, pero también pueden aumentar los ingresos denominados o referenciados en esa moneda.
Eso significa que la exposición real no necesariamente coincide con el saldo total del crédito.
Si la empresa debe pagar USD 1,000,000 durante el año, pero espera cobrar USD 800,000 que pueden destinarse razonablemente a esa obligación, la exposición económica que debe analizarse puede ser mucho menor que el monto nominal del crédito.
Ese cálculo debe hacerse antes de contratar cualquier cobertura.
Cuando sí existe exposición, hay distintas formas de cubrirla
Las instituciones financieras ofrecen distintos instrumentos para reducir o acotar el riesgo cambiario. Los más comunes son el forward, el swap de divisas y las opciones.
| Instrumento | Qué hace | Cómo se paga el costo | Puede ser útil cuando |
|---|---|---|---|
| Forward | Fija desde hoy el tipo de cambio aplicable a un pago futuro. | El costo queda incorporado en el tipo de cambio pactado. | Existe un pago futuro con fecha e importe determinados. |
| Swap de divisas | Permite transformar los flujos de una deuda en dólares en flujos equivalentes en otra moneda durante un plazo mayor. | Las condiciones quedan incorporadas en las tasas y flujos pactados. | La deuda es de mediano o largo plazo y tiene varios pagos. |
| Opción de compra de dólares | Otorga el derecho, pero no la obligación, de comprar dólares a un tipo de cambio determinado. | Normalmente requiere el pago de una prima. | La empresa quiere establecer un techo sin renunciar completamente al beneficio de un peso más fuerte. |
Los tres instrumentos pueden reducir la incertidumbre, pero no producen el mismo resultado. Un forward o un swap fijan ciertas condiciones desde el inicio. Una opción permite conservar mayor flexibilidad, pero esa flexibilidad tiene un precio.
Cubrir el tipo de cambio también cuesta
Éste es uno de los puntos que puede distorsionar la comparación si se observa únicamente la tasa nominal del crédito.
Un forward no se pacta simplemente al tipo de cambio spot del día. Su precio incorpora, entre otros factores, la diferencia entre las tasas de interés de las monedas involucradas.
En el ejemplo utilizado en el documento original, partiendo de un tipo de cambio de $18.50 y bajo los supuestos planteados, un forward a un año se ubicaría alrededor de $19.36.
| Tipo de cambio al vencimiento | Pago sin cobertura | Pago con forward a $19.36 | Diferencia |
|---|---|---|---|
| $17.00 | $17,000,000 | $19,360,000 | ($2,360,000) |
| $18.50 | $18,500,000 | $19,360,000 | ($860,000) |
| $21.00 | $21,000,000 | $19,360,000 | $1,640,000 |
| $23.00 | $23,000,000 | $19,360,000 | $3,640,000 |
Si el peso se fortalece, la empresa puede terminar pagando más de lo que habría pagado sin cobertura. Si el peso se debilita, puede evitar un costo considerable.
La cobertura compra certidumbre. Por eso no debe evaluarse solamente preguntando si al final “se ganó” o “se perdió” contra el tipo de cambio de mercado.
Entonces, ¿sigue siendo más barato el crédito en dólares?
No necesariamente.
Una vez incorporado el costo de la cobertura, la ventaja aparente de la tasa puede reducirse de manera importante. Y la comparación tampoco termina ahí.
El plazo, las garantías, las comisiones, la disponibilidad del crédito, las condiciones contractuales y la flexibilidad financiera también pueden hacer que una alternativa sea mejor que otra.
Si después de incorporar esos elementos el financiamiento en dólares sigue ofreciendo mejores condiciones, puede tener sentido.
Si la ventaja desaparece cuando se incorpora el costo de proteger el tipo de cambio, entonces la tasa inicial sólo estaba mostrando una parte de la historia.
Cubrir, no especular
La cobertura debería corresponder a una exposición real. El importe y los vencimientos del derivado deben guardar relación con los pagos que la empresa necesita realizar. Un derivado contratado sin una deuda, compra u obligación que proteger deja de responder a la misma lógica económica.
También deben entenderse las condiciones del contrato con la institución financiera. Dependiendo del instrumento, pueden existir garantías, líneas de crédito, llamadas de margen u otros compromisos de liquidez.
La decisión también tiene efectos contables y fiscales
El análisis no termina al contratar el derivado.
Los instrumentos financieros derivados deben reconocerse contablemente conforme a la NIF C-10. La forma en que se documente y designe una relación de cobertura puede modificar la presentación de sus efectos en los estados financieros.
Además, las operaciones financieras derivadas tienen un tratamiento fiscal propio que conviene analizar junto con el crédito y sus efectos cambiarios antes de contratar.
Perspectiva JGRP
Cuando una empresa evalúa un crédito en moneda extranjera, la primera pregunta no debería ser cuál tasa es menor.
Primero conviene proyectar, mes por mes, cuántos dólares genera la operación y cuántos dólares tendrá que pagar.
Con frecuencia, la exposición real resulta menor que el saldo total del crédito. Y en algunas empresas, la propia operación absorbe una parte importante del riesgo.
Una vez medida esa exposición, puede analizarse cuánto conviene cubrir, con qué instrumento y durante qué plazo.
La comparación final debe hacerse en pesos: cuánto cuesta la deuda en moneda nacional frente a cuánto cuesta realmente la deuda en dólares después de considerar la exposición y su cobertura.
Conclusión
Una tasa menor en dólares no garantiza un financiamiento más barato. Tampoco significa que endeudarse en dólares sea una mala decisión.
La respuesta depende de cuánto riesgo cambiario existe realmente, cuánto de ese riesgo ya está cubierto por la propia operación y cuánto cuesta proteger la parte restante.
Cuando esos elementos se incorporan al análisis, la decisión deja de depender de una tasa atractiva y empieza a compararse en términos económicos equivalentes.
La deuda en dólares no es necesariamente el riesgo. El riesgo es contratarla sin saber cuántos pesos terminará costando.
Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y de análisis general. No constituye una recomendación de inversión, cobertura, financiamiento, opinión contable, fiscal o legal aplicable a un caso particular. La conveniencia de un financiamiento en moneda extranjera y de cualquier instrumento derivado depende de los flujos, exposición cambiaria, condiciones contractuales, capacidad financiera y circunstancias específicas de cada empresa.
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